30 octubre 2006

Carmina Burana: se esperaba algo más

La ventaja de interpretar una obra tan conocida como el Carmina Burana de Carl Orff radica en ser conocida por muchos. El problema: que algunos llegamos a través de grabaciones canónicas, grandes orquestas y mayestáticas corales que levantan el subwoofer.

El Chapí estuvo de nuevo repleto, lo que nos habla del acierto de la programación y el día elegido. No en vano el plantel era barroco: doscientas personas en escena, ochenta pertenecientes a la orquesta filarmónica de la Universitat de Valencia, un centenar al orfeón Navarro Reverter y la contribución del coro de voces blancas de la Coral Ambosio Cotes, una nota local que estuvo a la altura.

El adjetivo “sinfónica” acompaña a aquellas orquestas que, constituidas por un total aproximado de cien instrumentistas y en las que predomina la cuerda, están completadas por el piano e incluso el órgano. Por su parte el epíteto de “filarmónica” viene simplemente a determinar su carácter de “amante de la música”, no obstante el adjetivo también hace referencia al origen del grupo, como es el caso del que participó el sábado, compuesto por melómanos que muchas veces actúan de manera altruista.

Cristóbal Soler, director del joven grupo, decidió no arriesgar en composición y si en ejecución, atreviéndose así con el popular Carmina Burana, las cantatas compuestas en 1937 por Carl Orff que han sido ampliamente difundidas por el cine y la publicidad. Del reto los valencianos salieron victoriosos, pero sin un buen botín.

Carmina Burana

El cancionero de Benediktbeuern, conocido también con el nombre de Carmina Burana -carmina, del latín carmen, canto; y burana, por el lugar donde se encontró- consiste en una serie de composiciones poéticas medievales que fueron recopiladas a principios del siglo XIII en un monasterio bávaro cercano a Munich. El códice engloba alrededor de trescientas obras escritas en latín, aunque también podemos encontrar algunos poemas, los menos, en alemán.

Los expertos atribuyen la autoría de este cancionero a los goliardos, estudiantes o clérigos errantes que deambularon por tierras galas, inglesas y germanas. A pesar de que la mayoría de las composiciones son anónimas, algunas piezas se encontraron en otros cancioneros contemporáneos, como los del Arcipreste de Hita, Pedro Blois y GaItero de Chétillon.

Aquellos vagabundos, que se decían seguidores de un supuesto obispo Golias, escribían poemas satíricos en los que arremetían contra la figura del Papa y la Iglesia o el poder de dinero. Otros cánticos ensalzaban la vida en las tabernas y cantinas, como puede comprobarse en “In taberna quando sumus”, o el ocio y el amor –“Mittamus studia”-. En ocasiones, los goliardos retocaban los textos litúrgicos, que transformaban en himnos lúdicos o en invocación dirigida a la fortuna. Con todo ello el compositor alemán Carl Orff compuso la obra sinfónica celebradora de la vida y la emoción que pudimos disfrutar el sábado.

Ejecución

Con semejante sentido celebrativo es curiosa la pátina grandilocuente con la que normalmente se aborda esta composición, error en el que también cayó el montaje del día 28. Sólo así se puede entender la declamación grave y solemne del narrador Juan José Prats. Entérense de una vez: los monjes goliardos escribieron cantos de fiestas y celebración, exaltadores del vino y los placeres y, por lo tanto, alejados de la reclusión religiosa. Abórdenlo así y darán sentido a la fiesta.

Eso sí, sin olvidar (y ahí está la dificultad), que se trata de una celebración altiva, coral y atronadora. Por eso el Carmina Burana hay que interpretarlo con muchos medios y grandes voces, algo que se programó en el Chapí pero que no resultó del todo.

Soler guió una interpretación correcta pero escasamente emotiva: se advertía el miedo al fallo. La partitura se interpretó sin problema alguno pero también sin la necesaria continuidad. Uno podía leer -junto a los ejecutantes-: ahora cuerda, luego viento, que suene la percusión. Evidentemente hablamos de una orquesta de estudiantes, sin duda mejorará con el tiempo puesto que en su atrevimiento está el valor, pero también hay que señalar sus carencias adolescentes al mismo tiempo que celebrar que tengan la oportunidad de actuar en lugares como el Teatro Chapí.

Eso sí, el orfeón merece menos duda. Desconozco la trayectoria del Navarro Reverter, pero lo cierto es que faltaron tenores, imprescindibles para elevar los decibelios del Carmina Burana. La primera interpretación del “O Fortuna” se hizo a medio gas y fueron necesarias tres composiciones más para calentar las gargantas. Carlos López, barítono, estuvo correcto pero quizás hubiese hecho falta un tenor; en el caso de la soprano Fuensanta Morcilla poco que replicar, estuvo soberbia y vital.

El público del Chapí supo comportarse, aguantó el aplauso para el final, sin interrumpir una ejecución que en otras circunstancias se hubiese parado para las palmas agradecidas pero ignorantes del ritmo necesario. De esa manera llegó la estupenda parte final del concierto en la que director, músicos y voces se encontraron y ofrecieron lo esperado: ¡Qué bien se cantó el último O Fortuna!, ¡qué regalo inesperado, todavía más sabroso por ansiado!. Finalmente consiguieron conquistarnos y así se lo supimos agradecer. Eso sí, falta alguna nos hacía un bis
con exactamente la misma pieza.

1 comentario:

Sergio dijo...

Tuve la fortuna de oir este Varmina Burana por los mismos intérpretes en Elche. Y tengo que decir que los comentarios de "villenerías" sobre la falta de volumen y potencia del coro no los pude apreciar para nada en aquel concierto. ¿No será que el teatro de Villena es exactamente eso, o sea, un teatro? Debería saber este "crítico" que ante una mala sala para conciertos no se puede juzgar así a un coro que debe cantar en lo que es la "maquinaria" de los decorados del teatro sufriendo así una pérdida de sonido considerable (no exagero si digo un 50%). Más aún, y como se puede apreciar en la foto, la orquesta se encuentra delante de la zona del telón (o sea, dentro del teatro) y el metal y coro detrás de la zona del telón (pérdida de volumen por los lados y por arriba). Solución: caja acústica (como en Elche y otros muchos teatros). Es una pena perder las sensaciones de un Carmina Burana en un "auditorio" que no lo es.
Saludos